Canarias 2004 (2 de 2)

Los últimos días en Lanzarote, tuvimos tiempo para hacer algo de turismo. Lo mejor, sin duda, fue la excursión a la Isla Graciosa. Por un módico precio compramos un viaje de ida y vuelta en un viejo barco, y una vez allí alquilamos unas bicis.

Cruzamos la isla de punta a punta hasta llegar a una playa donde el mar acojonaba de verdad. Aún así, un cartel que prohibía el baño no fue suficiente para que nos metiésemos en el agua. Aunque tras un par de violentos "derribos" por parte de las enfurecidas olas, no tardamos en salir del agua. Aquella playa era peligrosa, pero de verdad.
Tres días después y habiéndome duchado con insistencia, aún encontraba arena de aquella playa en los lugares mas insospechados de mi cuerpo.

Porque la arena de aquella playa era muy particular. Los granos eran apreciablemente mas grandes de lo habitual, y la fuerza con la que el mar te golpeaba con ellos llegaba incluso a escocer. Es curiosa la diferencia entre un lado y otro de la isla, como se puede ver en la apacible imagen siguiente.


En el fondo nos lo pasábamos bien.

La ansiada vuelta ya hacia la península en barco me permitió hacer una bonita foto del atardecer en mitad del mar. Aún dos días después llegaría a mi casa, en Valencia.





1 comentarios:
Ya veo que no soy la única en participar en las regatas de prensa...jeje
Publicar un comentario en la entrada
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
Enlaces a esta entrada:
Crear un enlace
<< Página principal